Una mentira, por muchas veces que se cuente, no puede nunca llegar a ser verdad (II)

 Una mentira, por muchas veces que se cuente, no puede nunca llegar a ser verdad (II)

Como veníamos diciendo, la construcción de un pasado que no fue tal por los teóricos catalanistas a finales del siglo XIX no es de ahora, ni siquiera de la transición -que como ya dije en la primera parte de este artículo, no se hizo más que retomar lo que dejara en suspenso Companys en la República, al ser ajusticiado-.

El comienzo de esta compra obsesiva de un pasado nuevo, vino con la Renaixença del siglo XIX, reacción directa de quizás el reinado más infame que ha sufrido España en muchos siglos: el de Isabel II (con permiso de su padre, Fernando VII, que también tuvo lo suyo). Una recuperación de la lengua y cultura catalanas que se pasó de vueltas -como decimos ahora, «se vinieron arriba», y de aquellos lodos. Pero no lo digo yo…

Vicente Blasco Ibáñez lo avisó en 1907

El escritor, político y maestro de maestros Vicente Blasco Ibáñez ya advirtió de este empuje infame el 13 de junio de 1907 en el artículo que bajo el título «La lepra catalanista» publicó en su diario «El Pueblo». Figura incómoda para ese republicanismo ignorante que alucina con afirmaciones que nuestro escritor más insigne hacía al retratar al nacionalismo catalán, a saber: «Burguesía separatista barcelonesa, frailuna, vetusta, partidaria de la independencia del famoso Principado, piojoso y sanguinario, que dejó marcadas en la historia las huellas de una ferocidad fenicia, bárbara, horripilante».

Así se las gastaba Don Vicente, sobre quien nadie en su sano juicio se atrevería ni ahora ni antes ni mañana a dudar sobre su condición de republicano de izquierdas pero… valencianista. Y a nadie en su sano juicio se le ocurriría atreverse a dudar de la erudición y sabiduría de alguien que fue tan respetado en su condición de parlamentario y orador.

Incómoda, como digo, la figura de don Vicente, prueba palpable de que ser de izquierdas no tiene por qué equivaler, y de hecho no equivale, a abrazar el catalanismo cuyo fin último es la construcción de los falaces Països Catalans.

Pero el catalanismo se ha ido encargando de tapar aquellas evidencias que no le convenían y a fabricar otras que, maquilladas convenientemente, han terminado de resultar lo suficientemente apetitosas para que unos chavales que han bebido de la errática política educativa en Cataluña durante casi décadas, se las traguen como dogmas incuestionables. Pero no se engañen, ¿qué se puede esperar de un adoctrinamiento sistemático con la connivencia de los Felipe González primero, Aznar después y por último Rodríguez Zapatero?

Cada vez que uno de estos expresidentes necesitaban apoyo externo en el Congreso para ser investidos presidentes, se iban agrandando las concesiones al nacionalismo catalán y, con ello, garantizando el final de un ‘Procés’ que ha conseguido silenciar y llevar hasta la prescripción delitos tan graves como los cometidos por el clan Pujol. Uno de estos delitos, el fraude a Hacienda de más de un millón de euros -la punta de un enorme iceberg- acaba de prescribir estos días y nos lo cuentan con la mayor desvergüenza tras la inacción traidora de un gobierno que anda buscando el beso de ERC para, de nuevo, una investidura suicida.

Zaplana también hizo lo suyo

De esas concesiones algo sabemos en Valencia. Un tal Zaplana, siguiendo los designios del señor Aznar y quién sabe si también de su proyecto personal de «forrarse en la política», tragó con que se negara al Puerto de Valencia una ampliación que la demanda europea de transporte de mercancías pedía a gritos. Pujol negó esa ampliación como condición para apoyar la investidura del inefable ‘Ansar’.

Y nos la comimos con patatas. Es más, Zaplana no se quedó ahí sino que hizo amistad con el catalán bajito y entabló conversaciones con él para crear la Agencia Valenciana de Cultura, convalidar la titulación de los filólogos catalanes en territorio valenciano, etc. Otro mito que ya pueden ustedes ir deshaciendo. El Partido Popular nunca fue valencianista. Todo lo contrario, con algunas honrosas excepciones. De hecho, el germen del nuevo impulso catalanista en Valencia lo puso precisamente el PP.

javierfurio

2 Comments

  • Muy bueno, a la vez que muy acertado en todos los planteamientos. Uno de mis temores, se encuentra en que ese catalanismo puede volver a penetrar en instituciones como Lo Rat Penat, ya que está lleno de militantes y simpatizantes del catalanista Partido Popular. Necesitamos una reconversión y una vuelta a los valores del valencianismo.

    • Muy cierto. Gracias por tu comentario.

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