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Una gran corrida de Miura en Bilbao

En los pasillos de la Plaza veo carteles de Ferias bilbaínas; en casi todos, Miura encabeza la lista de las ganaderías. Me fijo en los diestros que los mataban: una tarde, nada menos que Paco Camino y Ángel Teruel, otras, Manolo Cortés, Dámaso González, Roberto Domínguez, Julio Robles… Eran otros tiempos.

Brillante final con una gran corrida de Miura: toros muy serios, de bella estampa y muy interesante juego: todos, aplaudidos de salida; varios, al final; acuden de lejos al caballo y propician buenos tercios de varas, en los que se aplaude a varios picadores (algo, hoy, insólito). Escribano corta una oreja, Octavio Chacón da la vuelta al ruedo y Domingo López Chaves debió darla, en una excelente actuación.

El segundo se llama «Amargoso», como aquel mítico toro de Albayda al que Marcial –me contó– mató rápido, antes de que el público viera lo bravo que era… El de esta tarde también acude de lejos al caballo de Agustín Collado, aplaudido, pero flaquea, queda más corto, es incierto. Octavio procura llevarlo muy metido en la muleta, en un trasteo con más profesionalidad que brillo. A la hora de matar, el toro se tapa pero logra un espadazo. «Amargoso» muere como bravo. Precioso es el quinto, sardo (de tres colores), que también acude bien al caballo de David Prados, tiene movilidad y cierta nobleza. Chacón hace el esfuerzo, con un trasteo aseado y una buena estocada.

Una vez más, Miura nos ha traído la emoción del toro serio, diferente y de preciosa estampa. Se ha agradecido a los tres diestros su capacidad lidiadora y su entrega. Me comenta mi amigo Antonio: «La única corrida de la Feria en la que los toros han ido de lejos al caballo. ¡Qué hermosura! ¡Qué pena no verlo con más frecuencia!» Tiene toda la razón.

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