Connect
To Top

La fantasía de Enrique Ponce indulta un toro

De blanco y azabache apareció Enrique Ponce. El mismo terno de la gravísima lesión que lo ha mantenido cinco meses en el dique seco. Fuera fantasmas, fuera miedos.

De blanca pureza, como una hora antes había llegado una novia a la iglesia Mayor Prioral, con algún que otro invitado a la fuga para no perderse la primera de la temporada portuense: «¿A quién se le ocurre casarse un día de corrida?».

Ya lo dijo Joselito el Gallo: «Quien no ha visto toros en El Puerto no sabe lo que es un día de toros».

«Quien no ha visto a Ponce no sabe lo que es torear», debería de rezar desde ahora en otra placa. ¡Qué barbaridad! Y con una ausencia de casi medio año. Torear no se olvida.

De principio a fin cuajó al cuarto,«Fantasía» de nombre. Todo ese bautismo puso el maestro de Chiva desde el saludo con lances a pies juntos, parando el reloj de la anochecida. Hay artistas que arrebatan el tiempo y otros que lo devuelven mientras regalan el suyo propio.

Fue el caso de Enrique Ponce, que dio el trato exacto y preciso a este juampedro, algo cariavacado y con una nobleza suprema, pero que no parecía sobrado de fuerzas en los inicios. Ahí estaba el especialista con más de cinco mil toros lidiados para ofrecer el tacto y las distancias, la medida y ese temple de añeja botica.

Al son del «Concierto de Aranjuez» lo imantó a sus telas, toreando hasta en esa manera de andarle.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Masactual